1843: el viaje de la Clemence
El 19 de enero de 1843, la fragata francesa Clemence zarpó del puerto de El Havre con cerca de 390 emigrantes a bordo — campesinos y artesanos del Gran Ducado de Baden, la mayoría de la región del Kaiserstuhl. Venían siguiendo el proyecto que el geógrafo Agustín Codazzi había organizado para poblar y cultivar las montañas venezolanas.
La travesía fue dura: una epidemia de viruela obligó a desviar el barco hacia Choroní y costó la vida de varios pasajeros. Pero el 8 de abril de 1843 el contingente llegó por fin a estas tierras — donadas por la familia Tovar, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar — y fundó la Colonia Tovar.
Durante un siglo el pueblo vivió aislado entre la neblina, conservando su dialecto alemán coloniero, sus casas de entramado fachwerk y sus oficios: la carpintería, la relojería, la panadería, la cerveza. Recién en 1963 una carretera lo conectó con Caracas, y la Colonia se convirtió en el rincón de Alemania que hoy visita toda Venezuela.
Hoy: madera, láser y memoria
Clemence Kunst — Kunst significa «arte» en alemán — nace para continuar esa tradición artesana con herramientas de hoy: diseñamos cada pieza, la cortamos y grabamos al láser en madera, y la terminamos a mano en nuestro taller de la montaña.
Relojes cucú como los de la Selva Negra, llaveros con las casitas del pueblo, recuerdos y encargos a medida para posadas, cervecerías y familias: cada pieza que sale del taller sigue contando el viaje que empezó en la cubierta de la Clemence.